PELO MALO vs ULOTRICO

8 Sep

por Lydela Leonor

Le siguen llamando pelo malo al cabello de los negros, lo que es una forma más de perpetrar la intolerancia a la diversidad y por ende el racismo. Los cabellos encrespados como el mío, se llaman científicamente ulotrico. Este cabello crece ensortijado y crespo porque las personas en la África Negra evolucionaron características físicas: color de piel, el cabello, forma de la nariz, todo esto, para adaptarse al clima cálido y a los intensos rayos solares.

El ulotrico, cubriendo el cuero cabelludo se comporta como un acondicionador de aire que evita quemaduras cutáneas y calentamiento cerebral. El color de piel, la nariz con orificios anchos, el pelo crespo, no son una maldición sino una respuesta natural a la sobrevivencia, a la vida. Así que los negros y las negras debemos de agradecer la perfección de la naturaleza pues viviendo en un clima como el de África, siendo caucásicos sufriríamos de intensas quemaduras en la piel y de calentamiento cerebral. Sencillo, no todas las personas en el mundo podían ser blancas porque siendo así sería imposible disfrutar de la diversidad geográfica y climática que nos ofrece el planeta.

Aclarado ese asunto, queda prohibido pensar que las personas blancas son superiores y que debido a eso gozan de un cabello bueno o  mejor dicho por su nombre científico lisotrico. La piel clara y el cabello lacio en lugares fríos es lo que manda debido a que calienta menos el sol. Hasta la nariz respingada de los caucásicos responde a la perfección natural pues con ella es posible respirar en bajas temperaturas. Todo esto obedece a la sobrevivencia climática y a la perfección humana no es porque algunos no tuvimos el privilegio de ser blancos.

Todavía hoy, esta reflexión la siento justa, necesaria y obligada, debido a que los cabellos ulotricos de mi familia levantan alarma, miradas incisivas, caras de espantos y cuestionamientos. Al punto, que he tenido que confrontar a alguna mirona insistente con un ¿quieres tocarlo? Soportar que algún imprudente salte a decirme: ¿te lo vas a alisar, verdad? Entonces ahí voy yo con mi discurso sobre el pelo que no es malo y el porqué de los porqueses. Cualquiera diría que el cabello crespo o ulotrico es un defecto de nacimiento que sufrimos todos los negros, hasta pudieran achacarlo al asunto de la creencia en la brujería o dioses paganos de nuestros ancestros africanos.

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Yo quisiera no tener que convencer a mi hija de 7 años de que tiene un cabello hermoso, porque detrás de eso viene: “y ¿por qué se burlan cuando estoy con el pelo suelto?”  Y tiene razón,  si ese es su cabello y la condición de ese cabello es elevarse yo me pregunto,  ¿por qué se burlan? ¿Por qué la señora de la fila penetra su mirada en el cabello de la niña hasta incomodarla? ¿Por qué  el niño del parque dice: mami mira el pelo de esa nena, mientras se echa una carcajada burlona? ¿Por qué ella tiene que permitir que su prima le diga que su pelo es malo? Y ahora pregunto yo ¿Por qué nos tienen que causar tristezas nuestras formas naturales? ¿Por qué? ¿Por qué? y ¿Por qué?

Y como no entender su reclamo si yo sufrí esas burlas y para evitar que me dijeran, “nena ese kinki, pasita, pelo de poscón” y la maldita frase clásica; “quien te manda a tener el pelo malo”, los histéricos “jalones” de pelo y lograr la aceptación del grupo de nenas en la escuela, para erradicar todo eso, me sometí al horrible sacrificio del químico alisado y sus tragedias. También soporte horas sentadas para que se me arreglara el pelo malo, y con ello las quemaduras del blower y los insoportables calentones de la secadora cuando se pegaba al cráneo la hebilla caliente que aguantaba el rolo, y lo inevitable, la tortura china: dormir con rolos.

A los 12 años de edad yo estaba segura de que mi pelo era bien malo, lo suficiente malo como para decirme “este jodio pelo” frente al espejo y lo peor, saber que simplemente fue por crecer con ese pelo malo. Era malo, me lo recordaban mis amigas con sus comentarios, las mujeres de la familia con su buen alisado, mi barbie rubia de pelo lacio… ¿Cuán malo puede ser si lo único que hice fue nacer heredando la genética de mis queridos padres? ¿Quién quiere llevar algo malo sobre la cabeza todos los días a la escuela, a jugar? Nadie, es obvio, al menos que tengas de oficio la maldad, y ese no era mi caso.

la_foto Brad

Un día me hicieron descubrir lo que de verdad es ser negra y lo que eso iba a implicar para el resto de mis días. No hablo del color de la piel en sí, sino de lo que es ser negra en mi país y lo que significa para una y para los demás y lo que viene con ese asunto. ¡La intolerancia a la diversidad! Ya reconocida démosle un aplauso. Lo descubrí cuando una señora me dijo, luego de que yo golpeara a su hija, “canto de negra sucia”.  Así que no tan solo llevaba el pelo malo también era “negra sucia”, desde entonces yo entendí que la piel que llevaba era algo serio, allí, yo supe que ser negra no me iba a permitir enganchar los guantes y que de seguro seguiría dando golpes tras la mínima burla, prejuicio o injusticia. Aunque llego la adultez sigo dando golpes (no físicos) de sobrevivencia a la intolerancia. Gracias al conocimiento que se cocinó y a las armas que encontré en el camino.

En Puerto Rico se tiene la falsa impresión de que el racismo ha quedado en el pasado, yo sé que lo seguimos sufriendo, siempre diferente en sus variaciones y estilos, pero se sigue sufriendo.  Me desconcierta como nos hemos condicionado a ignorar para no identificar cuando se nos presentan conductas racistas, y así no detenernos a bregar con eso. Si atiendes la conducta racista eso va a resultar en que somos acomplejados, inseguros y problemáticos, solo por la responsabilidad de defender y pensar.

Los negros y las negras, muchos, a simple vista son muchos, han tirado los guantes aceptando por verdad que la forma de los pelos crespos está obligada a remediarse desde la raíz, “el defectito del negrito” borrarlo en el beauty, sacarla de la memoria para no ofender la vista de la señora que piensa que llevar el pelo natural, grande y abultado es de mal gusto. Mejor aún para gustarle al chico que quisiera meter su mano por la nuca y sentir el pelo liso, tal y como lo haría Brad a su Angelina  en una película, porque eso de tocar el pelo encrespado de la chica negra les daría cosa.

La maldición si existe y está en lo que hemos dado por buen gusto, bueno, lindo  y limpio. Esa es la verdadera maldición del pelo malo. Lamentablemente, todavía seguirá siendo pelo malo, pues las negras se sienten obligadas a alisar su cabello -y los hombres a rapar su cabeza-para sentirse atractivas, profesionales, arregladas, lindas, o por costumbre ya que muchas no saben ni como es su cabello, gracias a que las sometieron a una tradición de generaciones. Tradición a la que renuncié luego de verme detenidamente, defender que no estaba maldita sino que era diferente y que “enbeldá” el problema no era mío sino de ellos, de ellas, del resto que no se acepta y pretende modificar el asunto del pelo malo, la maldición negra con un alisado.

La creencia del “defecto de nacimiento”, nos ha obligado a ocultar el pelo natural para llevarlo lacio y cumplir con un requisito existencial y no ahogar la vista de algunos. Yo ando complacida con mi pelo natural luego de tanta inconformidad, que aclaro fue promovida por otros, no nació de mí, por lo pronto sigo alentando a mi hija de que ame los exuberantes ulotricos que la naturaleza nos dio y que siempre encendidos nos envían aire, ¡pa’ que no se nos caliente el cerebro con el que pensamos! Definitivamente, “pensar es un hecho revolucionario”, gritaba un grafiti en una calle en Buenos Aires.

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